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“Cuando sea grande, voy a hacer lo que se me dé la gana.”
Estaba lavando los platos cuando esa frase se me vino a la cabeza.
 
“Cuando sea grande, voy a hacer lo que se me dé la gana.”
Me la juego que en algún momento de tu infancia lo dijiste.
¿Te animás a recordar cuántas veces?
 
“Ay, cuando sea grande…”
Una fantaseaba.
“No me van a decir qué hacer.
Voy a hacer lo que siempre quise.”
 
Pero lpm, qué mentira!!!!
Tenemos cuarenta y pico, pero seguimos atrapadas en ese loop.
Crecimos, sí… pero no nos rebelamos de nada.
Al final seguimos obedeciendo como si tuviéramos cinco y medio, con la diferencia de que antes incluso poníamos más resistencia.
Ahora quedamos como domesticadas.
 
La palabra es dura, lo sé.
Pero es algo que siento
y que veo en cada edición de Fan.
 
Nos metieron en la cabeza que nuestra profesión era lo más importante:
que ese título en la pared,
esa foto con el decano,
que ese súper puesto en esa multinacional,

que eras un orgullo por lo que estudiaste, por lo que lograte, pero no necesariamente por lo que valías sos.
 
Pum. Otro golpe bajo, lo sé.
 
Pero si no lo pensáramos así,
¿qué otra explicación le encontramos a estar tan atadas a nuestra profesión?
Y digo atadas con amor, porque en muchos casos pareciera más… encadenadas.
Nos hace mal, nos atormenta, nos angustia.
Pero no lo podemos soltar.
 
Una podría pensar: “Bueno, es que no sabés bien qué hacer o cómo hacerlo”.
Pero te juro que ese no es el principal obstáculo.
Con tiempo, cabeza y estrategia, las cosas salen.
 
El principal obstáculo es animarte a liberarte.
A liberarte del mandato del prestigio.
De la forma convencional del éxito.
Del amor que tiene tu familia por presentarte como “mi hija la… (inserte profesión acá)”.
Sin ir más lejos: el socio de mi papá cada vez que me ve me dice “Hola, ingeniera”.
Y lo soy, no reniego de eso. Pero también soy otras cosas.

Casualmente él elige llamarme por mi primera profesión.
Nunca me dijo “hola coach”.
 
Hoy, si me preguntás, el enemigo número uno de casi toda mujer Fan es el peso que le damos a la mirada de otros:
de nuestra familia, de nuestros colegas, de nuestras parejas.
 
Porque pareciera que “cuando sea grande…”
significa apenas elegir la marca de café que tomamos a la mañana.
Pero no la profesión a la que vamos a dedicar nuestra vida entera.
 
Y no lo digo desde un lugar superado.
A mí también me costó muchísimo despegarme de ese tema.
En mis casi 39 años vi llorar a mi papá dos o tres veces.
Una de esas fue el día que defendí mi tesis.
No lloró cuando le dije que había renunciado y me iba a dedicar a ser coach…
 
Y lo entiendo perfecto.
Él me vio estudiar siete años, rendir, pifiar finales y volver cabizbaja a casa.
Fue un re logro recibirme (yo también estoy orgullosa de eso).
Pero la verdad: estoy muchísimo más orgullosa de haberme animado a cambiar.
A diseñar una nueva vida.
A conectar con el disfrute, la expansión y el entusiasmo.
Ese es mi mayor orgullo.
 
Rebelarnos y animarnos a cambiar es un proceso.
No se da de un día para el otro.
Necesita tiempo (bastante).
Pero se puede.
 
Y por suerte no soy la única que lo piensa.
Este domingo, en el encuentro de Fan, lo charlamos entre todas.
 
Ahora te pregunto a vos:
¿Contra qué te querés rebelar?
¿Cómo sería crear tu propio acto de liberación?
 
Abrazo gigante!
Flor

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Flor Carvutto
 
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