Empecemos por lo más importante.
Un año se puede planificar en cualquier momento. En enero, en marzo, en septiembre. No hay una fecha correcta. Que no nos corran con que hay que hacerlo ya. Como si, además de todo, ahora también nos dijeran cuándo y cómo ordenar nuestra vida.
(basta)
Dicho esto, vayamos a lo que de verdad importa (y del foco de este news)
Más allá de que en la vida hay años y años, si hay algo que se repite cada vez más es el acelere constante. Las ganas de resolver todo en dos minutos.
A veces no es que no nos damos el permiso de hacernos las preguntas importantes. Es que ni siquiera las registramos. En la vorágine, repetimos lo que en algún momento salió bien. Después de todo si hay recorrido, resultados y reconocimiento, algo de sentido tiene ese copy paste.
El tema es que confundimos planificación con claridad. Como si ordenar fechas y objetivos fuera lo mismo que saber hacia dónde queremos ir ahora.
La planificación organiza.
La claridad orienta.
Las dos son necesarias, el tema es el orden que le damos. Si es que le damos un orden, claro. Porque después de tantas charlas me da la sensación que nos salteamos la parte de la claridad.
Por eso, si no nos paramos a revisar desde qué lugar estamos construyendo, todo ese movimiento del año es solo inercia bien disfrazada (y como yapa nos deja detonadas)
Y me la juego: si llegaste hasta acá, probablemente no estés en el mismo momento vital que hace un par de años.
Tu energía cambió.
Tu contexto también.
Tu prioridades, ni hablar.
Y admitir esto cuesta. Porque implica revisar estructuras que costaron mucho armar.
También incomoda aceptar que lo que antes alcanzaba hoy con suerte te queda justo. Que lo que te dio identidad y sostén durante años ya no responde del todo a lo que sos y necesitás hoy.
Escuchar qué partes de nosotras están pidiendo otra cosa se vuelve vital. Sentir y registrar qué contradicciones estamos sosteniendo. Qué deseos aparecen, qué dudas, qué motivaciones.
Estas conversaciones no se apuran. No se fuerzan. Ni se resuelven en un workshop o un fin de semana intensivo.
Se abren.
Se sostienen.
Y se van decantando con el tiempo.
Por eso, antes de preguntarnos qué queremos hacer en este 2026, quizás tenga más sentido cambiar el foco y traer a la mesa la pregunta clave:
¿Quién estamos siendo hoy?
Seguir construyendo sin revisar desde dónde también es una decisión. Aunque no la nombremos así.
Y si no somos las mismas que antes, tiene sentido, lógica y coherencia que nuestra vida cambie y se empiece a realinear con nuestro yo de hoy.
El problema no es no tener todo claro todavía. Si no seguir postergando una conversación que, puertas adentro, ya empezó.