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Durante muchos años me dije que no era deportiva, que lo mío eran otras cosas.

Los libros.
Lo creativo.
Cocinar. Tomar vino.

El deporte y yo no llevabamos llevarnos muy bien.
Nunca fui la más rápida, ni la más ágil.
Es más, siempre estuve de mitad de tabla para abajo. Bastante abajo.

Hasta que hace dos años pasó algo raro. Sentí una necesidad muy fuerte de moverme, de hacer ejercicio. Fue algo rarísimo para mi. No solo el cuerpo me empezó a pedir un movimiento sino que era un movieminto muy distinto al que había hecho siempre (no era el yoga que había hecho años atrás ni las caminatas tranca que siempre estuvieron ahí)

Era otra cosa.
(Realmente me es difícil ponerlo en palabras de lo tan interno que era)

Así que en un arrebato de bueno, demosle bola a esto me compré unas pesas, unas tobilleras y empecé a entrenar en casa. Durante dos años sostuve esa práctica.  Meses mejores, meses peores, pero ahí estuve.

A veces sola y tranquila.
A veces con Vito metido entre las piernas queriéndose llevar las pesas. (el 80% de las veces fueron así)
A veces con Masala (mi perra) acostada arriba del mat.

Pero mirando para atrás, el 2024 fue un año muy transformador para mí. Tanto en lo personal como en el negocio. Estoy bastante segura de que ese compromiso físico —ese sostener algo en el tiempo— y ese empezar a levantar peso, se trasladó a otras áreas de mi vida que no tenían nada que ver con entrenar.

Como yapa, apareció algo que no esperaba: una versión mía que necesitaba y quería entrenar. Eso sí que nunca me había pasado.
 

El año pasado allá por julio/agosto apareció otra sensación. El entrenamiento en casa había cumplido un ciclo. Lo sentía en el cuerpo y en la cabeza.

Me pregunte¿Y ahora qué?
La respuesta interna fue: El gimnasio.

Ayyyyyy, el gimnasio.
Siempre me dio cringe.

Nunca me vi ahí. Que la gente, que el lugar, que me gusta que me dejen tranquila
que me da vergüenza. En fin, 

Sabía que lo necesitaba, pero no me podía anotar. no podía cruzar ese umbral.
Que bronca que me daba jaja

¿Te pasó alguna vez sentir que necesitás algo pero no podés activar?

Así estuve todo el último semestre de 2025. Con el freno de mano puesto.

No sé bien qué pasó después. Si ese tiempo fue necesario para hacer el trabajo interno, acomodar la cabeza y animarme O si la necesidad corporal terminó siendo más fuerte que todas las resistencias juntas. (Probablemente hayan sido las dos) 

Cuestión que este lunes 5 pasé por la puerta del gimnasio por el que paso todos los días.

Pero no entré. Me dio miedo y di la vuelta. Nadie se dio cuenta. Yo sí.

El martes 6 crucé la puerta. Hablé dos segundos y Pato (el que organiza las rutinas) me dijo:
—¿Te da para ir a tu casa, ponerte las calzas y volver?

No contesté. (Era demasiado para mi cabeza) Pero le dije: mañana vengo.
y el miércoles 7 arranqué.

Hace muy poco, sí. Pero arranqué. Y algo se soltó. Te juro que se soltó, fue casi como algo liberador.

Voy con zapatillas viejas. Calzas que me quedan chicas de cuando hacía yoga hace siete años. (me compré nuevas pero bueno tardan en llegar) y remeras gigantes de Dami.
así y todo pero voy. 

Y se siente bien.
Espectacularmente bien

No sé todavía qué significa todo esto. Solo sé que, otra vez, el cuerpo avisó antes que la cabeza. Y esta vez le hice caso.
 

Quizás, si hoy pensás en tu trabajo, la pregunta no sea qué querés hacer, sino cómo se siente tu cuerpo ahí donde estás.

Si está tenso.
Si está rígido.
Si está cansado.
O si, silenciosamente, te está pidiendo otra cosa.

A veces el cambio empieza así. Sin respuestas claras. Pero con una señal en el cuerpo imposible de ignorar.
 

Esta semana grabé un episodio del podcast que honestamente creo que espectacular, hablo sobre nuestros puntos ciegos y la dificultad de ver lo que ya está. Sugerencia, hacete un mate y escuchalo tranquila.
Nos vemos pronto!
Si estas en la lista de espera de Fan, hay novedades el prox jueves 22.
Un abrazo grande
Flor
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Flor Carvutto
 
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