Y en el medio: las vacaciones, las fiestas, algunos imprevistos.
De repente, en el momento menos pensado, PUM la puerta se cerró. Sola. Un poco de golpe. Como cuando una corriente de viento te cierra la puerta y un poco te asustás.
Me quedé mirando esa puerta que no se cerraba hacía tanto. ¿En qué momento pasó?, me pregunté. Repasé las famosas listas de qué sí y qué no que había hecho durante todo el año. Pero esta vez había una sabiduría interna que no necesitó listas ni consejos de amigas. Era algo que había madurado dentro.
Cuando la puerta se cerró, no sé si sentí alivio. Sentí tristeza. Ahora si, un año después estaba lista para hablar en profundidad del duelo que implica decir que no.
Hay finales que por más que los querramos duelen. Decisiones que tomamos con la garganta un poco cerrada. Aunque sepamos que en realidad es lo que de verdad está alineado a la vida que queremos vivir.
(respiremos un poco juntas)