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Cantarino, de Francisca Gili. Foto: Nicolás Aguayo
 
Presentación de Cantarino de Francisca Gili en el Museo Precolombino
 
Cantarino, libro de artista que profundiza en la obra cerámica y la investigación transdisciplinar de la artista chilena Francisca Gili, será lanzado al público el miércoles 20 de mayo en el Museo Chileno de Arte Precolombino. La publicación bilingüe, creada en conjunto con Editorial Casa en Blanco, fue financiada gracias al Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes.
 
Este libro de artista aborda las fuentes de inspiración y la historia de vida detrás de esta serie, a la vez que propone una experiencia que estimula múltiples sentidos. Incluye un amplio registro fotográfico y un disco de vinilo creado junto a la agrupación musical La Chimuchina y los estudios de producción musical La Salitrera y Omni Sound Lab.
 
Lanzamiento de Cantarino
Museo Chileno de Arte Precolombino, Bandera 361, Santiago, Chile
Miércoles 20 de mayo de 2026
 
16:30 | Diálogos sobre las botellas silbadoras
Participan la artista y José Pérez de Arce.
Inscripción aquí.
 
19:30 | Performance de La Chimuchina
Participan José Pérez de Arce, doctor en Estudios Latinoamericanos y artista; Claudio Mercado, antropólogo y magíster en Musicología; Rodolfo Medina, lutier e intérprete de instrumentos tradicionales; Cuti Aste, compositor y músico; Juan Gili, magíster en Diseño y músico; y Francisca Gili, artista y magíster en Antropología. La obra será acompañada por visuales generadas por el artista medial Oscar Llauquén (GEM Studio).
 
Durante estas actividades se distribuirán 100 ejemplares del libro Cantarino.
Inscripción aquí
 
Distribución del libro Cantarino
 
Fundación Artesanías de Chile
Tras el lanzamiento, se entregarán gratuitamente 150 ejemplares con la colaboración de la fundación, que los distribuirá en sus diferentes tiendas.
Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Cerrillos
Se entregarán gratuitamente 50 ejemplares durante la presentación de la obra Cantarino en la exposición de la Colección de Adquisiciones 2025 del museo, a desarrollarse desde mayo de 2026.
 
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Cantarino, de Francisca Gili. Foto: Nicolás Aguayo
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Cantarino, de Francisca Gili. Foto: Nicolás Aguayo
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Cantarino, de Francisca Gili. Foto: Nicolás Aguayo
 
DERIVAS DE UNA INTELIGENCIA SILBADORA
Sobre el libro Cantarino de Francisca Gili
 
Valentina Montero
 
La primera vez que escuché una botella silbadora entendí que no se trataba de música en el sentido tradicional sino, más bien, de una resonancia que evocaba el susurro del viento, el canto de un pájaro nocturno o un saber olvidado.
 
Ese recuerdo volvió al leer Cantarino, el libro de Francisca Gili. Más que un catálogo o un registro de obra, el libro se presenta como una deriva escrita y visual que acompaña -y en cierto modo prolonga- un proceso de investigación artística en torno a las botellas silbadoras prehispánicas. Desde las primeras páginas, queda claro que no busca explicar un proyecto, sino de invitar a una experiencia de lectura que se mueve entre la memoria, la materialidad y la escucha. El libro se abre con un gesto significativo: el acto de nombrar. Nombrar como forma de invocación y como inicio de un camino.
 
A lo largo del libro, las botellas silbadoras son presentadas como tecnologías vivas. Tecnologías hidráulicas y sonoras cuya complejidad no reside en la eficiencia ni en la optimización, sino en su capacidad de generar relaciones. El sonido emerge del vaivén del agua y del aire, de un equilibrio frágil que requiere cuidado, atención y tiempo.
 
En este punto, Cantarino propone una lectura sugerente para el presente: frente a una noción dominante de inteligencia asociada a lo artificial, lo algorítmico y lo predictivo, el libro pone en escena otra IA: la de la inteligencia artesanal, basada en la experiencia acumulada y en el aprendizaje compartido. Esta idea atraviesa tanto el texto como las imágenes. La escritura de Gili se desplaza entre el ensayo, la bitácora y la reflexión poética, evitando deliberadamente el tono demostrativo. En lugar de organizar el conocimiento como una base de datos, el libro construye una base de experiencias: viajes, talleres, encuentros con comunidades, revisiones experimentales de colecciones museales, procesos de trabajo con barro, agua y sonido. Cada capítulo se suma al anterior sin jerarquías estrictas, configurando una forma de pensamiento que se despliega en el tiempo.
 
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Francisca Gili, Botella silbadora. Foto: Nicolás Aguayo
 
Desde el punto de vista de la investigación artística, Cantarino dialoga con la noción desarrollada por Henk Borgdorff, en la que la práctica no ilustra un marco teórico previo, sino que produce conocimiento en sí misma. En el relato de Gili, Cantarino nace de experiencias –el viaje, los rituales, la percepción alterada- y se va configurando lentamente como una investigación que no separa vida y práctica, intuición y conocimiento y que permite que los sentidos aparezcan por capas, entrelazándose con la teoría.  El libro no traduce la obra a un lenguaje académico; más bien, deja que la experiencia material -la cerámica, el sonido, el gesto- actúe como forma de pensamiento. En ese sentido, la lectura se vuelve también una experiencia corporal, marcada por pausas, silencios y ritmos.
 
Algo similar ocurre con la relación que el libro establece con la arqueología de los medios. Sin enunciarlo de manera programática, Cantarino se inscribe en una lógica cercana a la propuesta de Siegfried Zielinski al activar tecnologías del pasado evitando reconstruir una genealogía lineal del progreso, sino abriendo desvíos, anacronismos y resonancias. Las botellas silbadoras aparecen así como tecnologías profundas, capaces de cuestionar los relatos modernos sobre innovación y obsolescencia.
 
Uno de los aspectos más potentes del libro es la manera en que las botellas son pensadas como “seres cerámicos”. Esta formulación funciona más que como una metáfora poética; es, más bien, una posición ética y epistemológica que atraviesa todo el proyecto de Gili. Aquí adquiere especial relevancia el concepto de crianza mutua, desarrollado por Elvira Espejo. La relación entre la artista y las botellas silbadoras se construye como un proceso de cuidado recíproco: no solo se modela el barro, sino que el barro modela a quien trabaja con él; no solo se produce sonido, sino que el sonido transforma la forma de escuchar.
 
Esta lógica de crianza mutua desplaza la idea moderna de autoría y control. El hacer no se concibe como dominio sobre la materia, se trata, en cambio, de una relación prolongada de aprendizaje compartido, donde humanos y no humanos se afectan mutuamente. El barro no es un material pasivo; es un agente que responde, resiste, enseña. En ese proceso, se moldean objetos, pero también subjetividades.
 
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Francisca Gili, Botella silbadora. Foto: Nicolás Aguayo
 
El libro acompaña este planteamiento con una serie de registros visuales y sonoros. Entre ellos, resulta especialmente significativa la colaboración con la artista medial Nicole L’Hullier, quien realiza registros electromagnéticos y tecnologías contemporáneas no como una pirueta de actualización forzada, sino como una extensión coherente del proyecto. Estas exploraciones ponen en relación campos vibracionales, sonido y materia, ampliando la escucha hacia dimensiones que habitualmente permanecen fuera del umbral perceptivo humano.
 
En Cantarino, las tecnologías contemporáneas se reconocen en las técnicas ancestrales, permitiendo que otras capas del fenómeno se vuelvan perceptibles. Asimismo, instalaciones, performances, registros electromagnéticos y la producción musical en vinilo realizada junto a La Chimuchina aparecen como extensiones de una misma investigación, operando como mediación para escuchar de otro modo.
 
En este sentido, Cantarino dialoga también con los llamados nuevos materialismos y con enfoques filosóficos contemporáneos que, desde la ciencia, han replanteado la relación entre materia, conocimiento y agencia. Pensadoras como Karen Barad han insistido en que la materia no es un soporte pasivo, sino un entramado activo de relaciones y afectaciones. Muchas de estas ideas ya estaban inscritas desde hace siglos en las formas de senti‑pensar de los pueblos andinos, tal como las ha conceptualizado Patricio Guerrero y retomado críticamente por Bolívar Echeverría: modos de conocimiento donde no existe una separación radical entre sujeto y objeto, naturaleza y cultura, hacer y pensar.
 
Leído en conjunto, Cantarino propone una forma de conocimiento amplificada. Su apuesta ha sido sostener la escucha, aceptar la deriva, permitir que los materiales y los encuentros con otros seres (cerámicos, humanos, orgánicos) transformen el rumbo de la investigación. En el filo de esta nueva era marcada por lo que parece un inexorable destino postdigital, este libro nos recuerda -con una insistencia suave pero firme- que existen saberes que no se programan, sino que se cultivan. Saberes que no operan desde la abstracción, sino desde la experiencia compartida. Y que, como el sonido de las botellas silbadoras, solo existen plenamente cuando alguien se detiene a escuchar.
 
 
 
Lanzamiento de Cantarino
Museo Chileno de Arte Precolombino
Bandera 361, Santiago, Chile
Miércoles 20 de mayo de 2026 
 
 

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