Después pasaron los días. Lunes, martes, miércoles.
Yo ya estaba hecha, pero se ve que la energía de la limpieza ya había empezado a correr por la casa.
El jueves intimé a Dami a ordenar el garage porque ya no se podía ni entrar.
Negociamos, me dijo que sí.
El viernes, mientras estaba con Vito en la plaza, Dami empezó a encarar el garage.
Cuando volví me encontré con el garage ordenado y... una valija gigante arriba de la cama.
ES HORA DE ORDENAR EL PLACARD, me dijo.
La habitación parecía Kosovo (como diría mi madre).
Ordenar su parte del placard siempre fue fácil, porque él es muy ordenado.
El tema era mi parte.
Y el tema puntualmente era esa valija llena de ropa que ya no usaba más.
Ropa que había guardado porque sí, ropa que nunca había podido regalar.
También estaban los placares de arriba, esos donde guardo cosas cuando no sé bien dónde guardarlas. Papeles, más valijas con cosas, objetos random que hablaban más de mi pasado que de mi presente.
Todo ocupando lugar.
Ese viernes no hice nada. Ya era tarde y, de alguna manera, necesitaba procesar lo que iba a implicar esa limpieza.
El sábado, mientras Vito y Dami iban de visita a lo de mi suegra, me hice unos mates, me puse música y empecé el operativo limpieza.
Primer objetivo: abrir todos los placares y separar lo que se quedaba de lo que se iba.
Medio a lo Marie Kondo, arranqué con las preguntas:
¿Esto me representa?
Hacer la limpieza fue relativamente fácil, pero hubo algunas cosas que me costaron bastante soltar. Camperas que me compré en momentos específicos, regalos que me hicieron, o incluso prendas que me compré, usé dos veces y después me pregunté para qué me las compré. Como si dejarlas en una valija en un placard ahora sí les diera sentido a esas compras.
Empecé a armar las bolsas.
Esto, destruido, a la basura.
Esto, se puede regalar o donar.
Esto, tengo mis dudas, mejor al costado.
Saqué como el 80% de lo que tenía que salir.
Un par de cosas me las quedé. Me siento un poco salame porque sé que a alguien más le podrían servir un montón, pero hay algunas prendas que necesito procesar más.
Recomiendo mucho hacer este ejercicio.
Ir a tu placard y preguntarte:
¿Esto me representa?
¿Hace cuánto que no lo uso?
¿Cuándo me pongo esto me siento alineada, o hay algo que no me cierra?
Hubo cosas que ese sábado no saqué de casa, pero sí al sábado siguiente, porque el proceso sigue. Porque me doy cuenta de que no tiene sentido seguir guardando lo que sé que no voy a usar.
Ahora queda un 10% y veremos cómo sigue la historia.
Una vida más alineada no siempre arranca por el trabajo. A veces también puede arrancar por tu placard. Aunque estoy segura que siempre una cosa lleva a la otra. Los puntos terminan por encontrarse.
Hoy es domingo y acá en CABA está nublado. Así que acá mi centro para que lo encares.
Después me contás.
Un abrazo
Flor