Hace dos días estaba sentada con mi esposo en el balcón tomándonos el café después de dejar a Tara en su nuevo cole, un lujo que ya me puedo dar estando en la nueva ciudad a la que nos mudamos, Viera. (Todo está cerquita)
Vimos a un señor que pasa siempre por ahí en el condominio y mi esposo me dijo:
"Ese hombre SIEMPRE camina al mismo paso. No importa la hora del día. Deber tener el nivel de estrés en cero."
Me dio mucha risa pues era cierto: ese señor camina igual a las 7am que a las 6pm. Paso lento, sin prisa, como si el reloj no existiera
Y me quedé pensando…
¿Cuántas veces vamos por la vida acelerados?
Corriendo al carro. Corriendo a la reunión. Corriendo aunque no haya ninguna urgencia real, sólo porque el cuerpo ya se acostumbró a ese ritmo.
Y ahí está el detalle que más me hizo pensar: muchas veces ese apuro no tiene nada que ver con que de verdad estemos cortos de tiempo. Es costumbre. El sistema nervioso se entrena para correr, y correr se vuelve el modo por defecto, incluso cuando no hace falta.
Otras veces sí es real, pero de esas, la mayoría ha sido falta de planeación o sobre-agendarnos. No salimos a tiempo, dejamos todo para último momento, y entonces sí toca correr.
Y lo peor es que no sólo vivimos este apuro nosotros; se los transmitimos a nuestros hijos afanándolos para todo. Desde chicos se acostumbran a tener su sistema nervioso activado; en alerta.
Entonces hoy la invitación es a preguntarnos:
¿Cómo podemos caminar más pausado, en el sentido literal y en el sentido de la vida?
Algunas cosas que podemos hacer:
- Salir con más tiempo del que "necesito".
- Programarnos mejor en lo que tenemos que hacer.
- Agendar menos
- Dar unas respiraciones consientes antes de iniciar una nueva actividad
- Notar cuando el apuro no tiene una razón real.
- Usar el caminar como una pausa, no como un traslado.
- Practicar bajarle al ritmo con el cuerpo, no solo con la mente.
No se trata de convertirnos en el señor del balcón jeje pero si notar cuándo le puedo bajar un poco al ritmo aunque sea una vez al día; reconocer que el apuro muchas veces es una elección aprendida del cuerpo, no una necesidad real.
Si quieres llevar esta práctica a la respiración y al cuerpo con más intención, te dejo de regalo esta meditación de 10 minutos para bajar el ritmo: