En mi último retiro de yoga, en nuestro día de aventura, caminamos por el Parque Natural Tayrona. La idea, además de conectar con la naturaleza, era llegar hasta una de las playas más icónicas del parque: Cabo San Juan.
La caminata no es tan difícil, pero sí es larga. Se va parando en distintos puntos para disfrutar la vista y el agua y, en total, toma entre 2:30 y 3 horas llegar hasta allá.
Hacia la hora del almuerzo, paramos en la playa antes de llegar a nuestro destino final para comernos nuestros sándwiches. Después de comer, nos sentamos a descansar y nos metimos al agua. Estábamos realmente disfrutando el agua: estaba deliciosa y tranquila.
Entonces algunas del grupo dijeron: "Aquí estamos bien, preferimos quedarnos acá".
Yo, que soy súper orientada a metas, quería seguir. Aunque ya había ido varias veces a esa playa, sentía que si no llegaba al final era como "fallar". Así que les dije: "Listo, yo sigo con el guía, voy y vuelvo rápido mientras ustedes se quedan aquí".
Pero luego pensé… no tengo nada que comprobar. Ya conozco la playa y estoy pasando delicioso aquí con ellas. Valía mucho más este momento que acelerarme para ir a chequear que "llegué" y devolverme cansada.
Fue la mejor decisión. Tuvimos una tarde deliciosa y compartimos mucho más entre todas.
Hace poco me acordé de este suceso porque estaba reflexionando sobre cuántas veces vamos tan pendientes de llegar a una meta que olvidamos que podemos pausar y disfrutar el camino. Y que a veces ni siquiera necesitamos llegar. Está bien tomar pausas y preguntarnos: ¿queremos continuar, o estamos bien donde estamos?
Conozco personas que, sin cuestionarse, han querido subir y subir, más salario, más rango, y terminan con responsabilidades o una vida que ni querían.
Conozco otras que llevan años en el mismo puesto y, aunque reciben presión externa de "¿por qué no suben?", me dicen: "No quiero más estrés, más viajes, más preocupaciones. Prefiero más tiempo con mi pareja o mis hijos. Así está bien mi vida. Al menos por ahora".
No se trata de no querer otras cosas ni de no querer "subir". Se trata de disfrutar el camino y tomarnos pausas durante este: ya sea para disfrutar el escalón donde estamos por un buen tiempo, para tomar energía y continuar, o porque decidimos que ese escalón de verdad nos gusta y hasta ahí queremos llegar.
Así que aquí te dejo unas preguntas para hacerte y, abajo una meditación de regalo:
- ¿De verdad deseo llegar a esa meta, o solo me acostumbré a perseguirla? O, peor aún, ¿es algo impuesto por la sociedad u otras personas?
- ¿He tomado pausas para disfrutar y agradecer dónde estoy, e incluso para mirar atrás y ver todo lo que ya he escalado?
- Si quiero seguir, ¿cuándo me voy a dar una pausa en el camino?
No todo en la vida es seguir creciendo. A veces quedarse es una decisión muy sabia. Y si deseas seguir, una pausa no te atrasa: te permite continuar con más ganas.
Si hoy quieres darte esa pausa y agradecer lo que ya tienes, te dejo de regalo una meditación de gratitud: